#OPINIÓN El día que la crisis se vino a vivir con nosotros por Sociólogo Ender Arenas @RojasYArenas

Hace cinco años lo escribí, julio de 2013, era un viernes al mediodía, iba por la avenida Delicias, en el cruce con avenida Universidad, cuando un joven moreno, bien vestido, montado en una moto nos intercepta, saca a relucir una pistola enorme la pone en la cabeza de mi hija menor -que iba sentada a mi lado en el puesto de copiloto- y amenazando de meterle un tiro en la cabeza nos pidió los teléfonos. Ese día mi hija decidió abandonar el país, desde entonces la he visto en una sola ocasión, durante 12 días que seguramente estarán en mis recuerdos cuando me llegue el delicado momento.

Ya había muerto Chávez, y la crisis que él había iniciado, parecía que podía ser manejada de manera más o menos eficiente si el nuevo gobernante, elegido también por él, hubiese sido un hombre inteligente, realista y que superara las rígidas limitaciones ideológicas que habían caracterizado al régimen desde sus inicios. Pero no, estábamos frente al peor dirigente de la historia del país. La crisis empezó a desarrollarse y terminó por colonizar la vida cotidiana de todos los venezolanos.

Como nunca antes, todas las historias personales, la de mi hija por ejemplo y la de tres millones de venezolanos que se han ido del país (pueden ser más, facebook dice tener 3 millones y medio de venezolanos conectados en el exterior de Venezuela) más los veinticinco millones que quedamos viviendo aquí, están siendo intervenidas por la política y el errado modelo económico implementado por el régimen, la inseguridad social y personal. Es decir, factores externos, digamos, que sistémicos y estructurales que han invadido nuestra vida personal y hasta íntima cambiándola y reordenándola.

Profesores universitarios, periodistas, brillantes médicos, ingenieros, profesionales de todas las áreas y miles de pacíficos individuos, muchos de los cuales ni siquiera habían participado en eventos de protestas, se convirtieron en lavadores de baños o como le gusta decir peyorativamente a Maduro en “lavapocetas”, cuidadores de carros, mesoneros, vendedores ambulantes de chucherías, en prostitutas, etc. Es gente que cambió su vida y que no volverá a ser como antes. La crisis los refundó. Porque no es que la crisis está fuera de ellos, es decir, de nosotros, por estar dentro de nosotros, por estarla sufriendo y por habernos definitivamente colonizado, es que ella existe transformándonos incluso en lo que nunca quisimos ser.

Aquellos que hasta hace poco gritaban “con hambre y desempleo con Chávez me resteo” hoy caminan por el continente, no con la espada de Bolívar anunciando el nuevo amanecer, sino tratando de mitigar su hambre y buscando empleo en países vecinos. La crisis no distingue ahora entre “patriotas” o “escuálidos”, sus efectos es lo más democráticamente repartido en el país, por supuesto con la exclusión de la cúpula que gobierna.

Por eso, ahora, para poder pararme frente a la crisis y mantener uno o dos huesos sanos, me pierdo en “el rio de mis recuerdos” y recreo los maravillosos doce días que pasé con mi hija Ana Virginia.

Soc. Ender Arenas Barrios

#IMPELABLE #Reportaje En 1998, los venezolanos eran ricos y no lo sabían por @HolmanRodriguez

Con el chavismo, Venezuela pasó de ser uno de los países más prósperos de la región a la ruina.

La Venezuela modelo 2018 es otro país, muy diferente al de 1998 y en casi todos los aspectos ha desmejorado. Incluso, de acuerdo con las cifras, esa rica nación muestra hoy algunas facetas de hace 50 y hasta de hace 60 años.

Venezuela era una potencia latinoamericana. Un país que gracias a los inmensos recursos petroleros se daba el lujo de contratar trabajadores extranjeros (entre ellos, decenas de miles de colombianos) o importar miles de toneladas de los mejores alimentos de Europa, Asia y Estados Unidos.

Su poderío económico se podía constatar con el hecho de que tuvo una frecuencia semanal Caracas-París, y viceversa, del Concorde de Air France, el avión más sofisticado y con pasajes más costosos de los años setenta y ochenta en el mundo, y a cuyo territorio arribaban y del que salían las más importantes aerolíneas del mundo, además de que tenía una compañía aérea nacional de peso como lo fue Viasa.

Ni qué decir de sus impresionantes autopistas, puentes, edificios o represas, que en los años setenta y ochenta eran la admiración y envidia de los latinoamericanos.

Precisamente y como hecho anecdótico, 1998 fue el último año en el que Venezuela tuvo el mayor producto interno bruto per cápita (relación entre el valor total de todos los bienes y servicios generados por la economía en un año y el número de sus habitantes) de América Latina. Hoy, 20 años después, la patria de Simón Bolívar está en el octavo lugar en esa medición y casi a la par de algunas naciones centroamericanas que luchan por salir de la miseria.

Pero eso es apenas el comienzo de la destorcida que ha estado viviendo Venezuela.

Aunque en los primeros años del chavismo, a decir verdad, el país obtuvo logros importantes en materia social y económica, gracias a la renta petrolera, que con una producción de más de tres millones de barriles diarios permitió llevar a cabo grandes obras que, por ejemplo, bajaron la pobreza del 49 al 18 por ciento.

Sin embargo, ese modelo era insostenible en el tiempo, pues los precios cayeron y la producción de crudo declinó por falta de mantenimiento, sabotajes y también por una gran huelga de trabajadores petroleros entre finales del 2002 y comienzos del 2003 que golpearon la industria petrolera, la gallina de los huevos de oro de la economía venezolana.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

Pero quizá lo más grave que le haya sucedido a ese país en 20 años de Revolución del siglo XXI es algo que ha estado taladrando el estilo de vida que solían llevar los venezolanos y se traduce en una involución en aspectos como la pobreza, que casi se multiplicó por cinco y hoy muestra una alarmante cifra que se aproxima al 90 por ciento de la población.

Además, ese país está experimentando un extraño fenómeno que según el sociólogo Édison Arciniega, de la Universidad Central de Venezuela, no sucedía desde la Guerra Federal (1859-1863) y es una “regresión demográfica explicada, entre otros aspectos, por el aumento de las muertes por todo tipo”. Arciniega le dijo a EL TIEMPO que en 2015 murieron 107.000 personas y tres años después, la cifra será cercana a las 180.000 personas.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

¿De 29 a 25 millones?

A esto hay que sumarle el éxodo de ciudadanos que comenzó hace 13 años, pero se ha acentuado en los últimos cuatro por la crisis económica. De acuerdo con algunas ONG, podría hacer que de los cerca de 29 millones de habitantes que hay en la actualidad, en el 2020 queden apenas poco más de 25 millones. Para el investigador, “Venezuela hoy debería tener 31 millones de habitantes”.

Esto explica, según Arciniega, otro hecho paradójico y es que con la destrucción de gran parte del aparato productivo, que ha ocasionado un desplome de las exportaciones y la pérdida de miles de empleos, el país se ha convertido en un exportador neto, pero de capital humano, de todo nivel.

Y para completar, la expectativa de vida, un indicador que en un país normalmente muestra incremento, por el mayor acceso a la salud, mejores medicinas o alimentos, en esa nación muestra una caída real, pues en 1998 era en promedio de 72 años y en la actualidad se ubica en un promedio de 70, según la Universidad Central.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

El otro signo importante que ha marcado a la sociedad venezolana en los últimos años ha sido la escasez de todo tipo de artículos de primera necesidad como los alimentos, las medicinas, los implementos de aseo y los repuestos.

La falta de divisas para que el sector privado importe y la destrucción de la riqueza se han convertido en un nudo para la producción y la exportación, con lo que deja en manos del petróleo, con apenas 1,1 millones de barriles de producción al día (lejos de los más de 3 millones hace 20 años) la responsabilidad del 95 por ciento de los ingresos del país.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

El ingeniero agroindustrial Jhoender Jiménez, dirigente del partido opositor Voluntad Popular, le dijo a EL TIEMPO que “hay un sentimiento de desesperanza y a la gente no le importa nada”. “Hace tres meses, el gobierno lanzó un paquete de medidas económicas y, adicionalmente, la semana pasada subió 150 por ciento el salario mínimo, pero hoy ese sueldo equivale a 5 dólares’.

En plena temporada navideña, dice Jiménez, “los venezolanos difícilmente van a poder conseguir para comer la hallaca, tradicional en estas fiestas”.

Hay un sentimiento de desesperanza y a la gente no le importa nada.

Fuente HOLMAN RODRÍGUEZ
Redacción Internacional
EL TIEMPO
– @holmanrodriguez