#OPINION El Gato Briceño @JoseGBriceño: Maduro Leña del mismo palo, Presidente Obrero.

En un país donde la trampa es la ley, hace falta siempre recordar y explicarle a las nuevas generaciones como se vive en democracia. Es muy importante conocer, por si alguien, en esta confusión masiva propiciada ex profeso por la dictadura lo ha olvidado, cuáles son los términos básicos de una Contratación Colectiva en democracia.
Un contrato colectivo, convenio colectivo o convención colectiva de trabajo, es un listado de acuerdos del contrato celebrado entre los trabajadores y los empleadores de una empresa o un sector laboral. Este acuerdo sirve para regular todos los aspectos de la relación laboral que se discutan como salarios, jornada, bonos, descansos, vacaciones, condiciones de trabajo, representación sindical,entre otros.
Quedan establecidas en este tipo de contrato las condiciones mínimas en las que han de celebrarse las relaciones laborales en su ámbito de aplicación, así el contrato que suscriba cada trabajador puede mejorarlas, no empeorarlas. La negociación colectiva permite que las partes negocien su contenido, ya sea entre los propios empleadores y sus trabajadores —reunidos en un comité de empresa—, o entre asociaciones de estos como sindicatos y centrales sindicales, gremios, patronales y asociaciones profesionales, etcétera. Si esta negociación falla, los diversos grupos de presión que apoyan a las partes (empleadores y empleados), que pueden ser los propios participantes u otros como partidos políticos u otras asociaciones, pueden recurrir a otras medidas con las que forzar el acuerdo, como huelgas, manifestaciones o paros patronales.
Obviamente no debe este documento de regulación laboral ir contra la constitución, las leyes, ni los reglamentos que imperan en el país, por lo que no pueden acordarse disposiciones que violen dichas normas jurídicas, como la jornada máxima o el salario mínimo. Por eso, como debe ser en el Derecho Laboral, el convenio está absolutamente supeditado al ordenamiento jurídico vigente. No se niega que existe tirantez en esas mesas de negociación hasta el punto de llegar a paros importantes pero nunca la solución es castigar con desapariciones forzosas, asesinatos y cárcel a quienes luchan por sus derechos.
Buena parte del discurso del galáctico supremo, culpable de toda la tragedia de mi país, en su camino hacia el totalitarismo, fue acusar a las empresas y federaciones empleadoras (FEDECAMARAS), a los sindicatos y grupos organizados de trabajadores existentes en Venezuela, de haber prostituido o dañado lo que debían ser esas instituciones y que los empresarios habían comprado la voluntad de dirigentes obreros, por lo cual siempre habían sido vejados y los contratos colectivos no contenían suficientes mejoras y beneficios para la clase trabajadora. Vimos que el sistema comunista, como todo lo que promueve, destruyó toda la estructura sindical y creó su propia red de sindicatos chavistas alimentados por el odio clasista, apoderándose de las decisiones, los acuerdos y ofreciendo toda clase de supuestas mejoras a la masa obrera. Paralelamente desmanteló la estructura empresarial productiva del país, apropiándose de todo para operarlo directamente y pasando a ser el Súper Patrono, para después no cumplir nada de lo acordado (villas y castillos), atacando y apresando como pasa hoy en día, a cuánto sindicalista hace su tarea de defender los derechos de los empobrecidos obreros venezolanos.
Ver como la “narcotirania” tiene sometido y humillado al otrora “poderosisimo” movimiento sindical venezolano, es indignante, al igual saber que en los últimos cinco años para remate, de la mano de quien se auto cataloga como el presidente obrero, acabó con todos los beneficios de obreros del país hasta llevarlo a la ruina y como complemento a las organizaciones sindicales, gremiales y sus líderes los tienen contra la pared, los persigue, los acosa y los mete presos. La Constitución y la Ley Orgánica del Trabajo se convirtieron en LETRA MUERTA.
Las contrataciones colectivas y sus cláusulas económica y sociales de la Venezuela en progreso ya no existen. Las mesas de las familias obreras venezolanas siempre tenían comida abundante a diario y recibían bonos especiales en Navidad. Cada niño estrenaba en Diciembre y todos tenían su plato navideño asegurado. Recordar la privilegiada nómina obrera petrolera era ver “carritos” llenos de comida, ropa y regalos, casas en urbanizaciones de clase media. ¿Dónde están esos contratos colectivos “full” de beneficios de PDVSA, Corpoelec, CANTV, los ministerios, del fuerte movimiento sindical de Guayana que aglutinaba todas las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana, los maestros, los profesores de la educación media y universitaria, por nombrar algunos?.
Es importante destacar que hace 20 años un trabajador cobraba las prestaciones sociales y se compraba una casa o un carro, enviaba a sus hijos de viaje. Hoy con la revolución Venezolana del socialismo o comunismo del siglo XIX (siglo 19 no 21), los trabajadores ni las reclaman, porque no les da para comprar la comida de una semana. Las conquistas logradas por el movimiento sindical venezolano en 40 años de democracia, el “EL PRESIDENTE OBRERO ” quien se vanagloria de haber sido parte del sindicato del METRO de Caracas, olvidó sus ofertas de mejores condiciones y las acabó, burlándose de sus ex compañeros de trabajo. Realmente como buen comunista nunca trabajó.  Primero vivió de los cubanos muestras lo entrenaban y luego logró entrar en la administración pública para ser reposero profesional e iniciar el activismo político hasta que se conectó con su nuevo amo y señor, desde entonces ha estado viviendo del discurso vacío del comunismo y sus miserias.
Recuerdo como ex Alcalde y Gobernador que era común y totalmente necesario reunirse con los distintos sindicatos para discutir las contrataciones colectivas. A pesar de las diferencias siempre hubo respeto, excelentes relaciones y nunca llamaron a paro, porque se respetaron las reivindicaciones conquistadas y las contrataciones colectivas como buena práctica democrática.
He visto que la semana próxima habrá un encuentro sindical nacional y es determinante que el movimiento sindical recobre definitivamente la lucha de calle y paro definitivo en todos los niveles.  Sigamos el ejemplo de países como Polonia y Ucrania donde la lucha sindical tuvo un papel protagónico en los cambios de gobierno, porque de no hacerlo la dictadura terminará consolidando el sistema esclavista de los Castros. Es ahora o nunca.
La pasión de la clase obrera que hoy en día está a niveles de pobreza crítica, sin lograr subsistir con el trabajo diario, es combustible para la próxima explosión social que muy pronto sucederá en Venezuela.
Mi dedicación es exclusiva a denunciar atropellos del régimen y apoyar a los movimientos que ayuden a salir de este oprobio definitivamente. En eso continúo desde la cárcel del exilio, con lo único que me queda MI PLUMA Y MI PALABRA 
José Gregorio Briceño Torrealba
“El Gato” Briceño
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Lamentable, triste, en un país rico: FOTOS de Pacientes con mal de San Vito, a la deriva en barrio San Luis, de San Francisco Zulia

La oscuridad arropa la habitación. De fondo, el sonido de unas caricaturas de televisión transportan a la inocencia que ahora rige su vida. El piso desnudo sostiene el cuerpo frágil de Magali Guerra. Casi escondidos entre dos camas, los movimientos involuntarios bruscos delatan un mal que suma tres décadas a sus 55 años. Tiene Corea de Huntington y ya no sabe su nombre.

“Lleva casi la mitad de su vida sufriendo. Ya no habla, no entiende nada. Hace cuatro años dejó de caminar. Necesita tantas cosas: medicinas, pañales, una silla de rueda”, expresa su nuera Yoselín Barboza, quien reside junto a ella y una numerosa familia en una pequeña vivienda del barrio San Luis, ubicado en el municipio zuliano de San Francisco, a orillas del Lago. 

El fuerte olor se escapa por la cortina que cubre la entrada del cuarto, pues la imposibilidad para controlar esfínteres es característica de esta enfermedad crónica, hereditaria y neurodegenerativa, conocida comúnmente como mal de San Vito.

De los 3.184 habitantes de este poblado, 75 están diagnosticados, según un estudio realizado por la Fundación Amigo Huntington en marzo de este año. Lo más alarmante es que “436 personas tienen el riesgo de desarrollar la patología por su ascendencia directa”, puntualiza su presidente, Edinson Soto.

Mientras que la prevalencia mundial apenas alcanza a seis pacientes por cada 100 mil ciudadanos; en el Zulia, uno de cada mil nacidos puede desarrollar el trastorno. Por esta razón, globalmente, el estado es considerado el mayor foco genético de este padecimiento. Barranquitas, un caserío de Rosario de Perijá, ocupa el primer lugar, con 96 casos registrados.

Solo basta pisar San Luis para que la mirada se pierda en todas las direcciones, al ritmo de los espasmos musculares y las contorsiones que se repiten indefinidamente. En una silla blanca está sentado Reny Sánchez, a quien el ‘San Vito’ le robó la oportunidad de disfrutar de una juventud activa. A los 14 años, sus manos presagiaron lo que venía. Ahora tiene 35.

Su única hermana, Hilda Sánchez, lo ciuda cual si fuera un hijo más. “Es como un bebé. Implica muchísima atención. Lamentablemente, mis padres le transmitieron la condición. Yo todavía estoy sana”, cuenta, con la acentuada duda de desconocer por cuánto tiempo tendrá esta gracia.

La capacidad cognitiva, la memoria, el lenguaje y la posibilidad de andar por su cuenta se desgastan progresivamente para Reny. Su aspecto de extrema delgadez da cuenta de las 7 mil calorías quemadas diariamente por la gran cantidad de movimientos que agota sus extremidades.

El impactante escenario se replica en la zona. Familias casi enteras padecen la enfermedad de Huntington,  que profundiza aún más con la pobreza extrema en la que vive la mayoría.

Las tres hijas de Norma Gotera: Alexandra Gotera (44), Rudy Soto (42) y Ana Soto (32) comparten, además de la sangre, la enfermedad y el pesado recuerdo de ver morir a su padre incapaz de deglutir, por la misma causa.

La actividad física no cesa. Y la esperanza de consumir la Tetrabenazina, el fármaco que reduce entre 70% y 80% estos síntomas, cada vez es más lejana. “En una jornada les regalaron uno. Pero, ¿qué tanto les puede durar? Ya ni siquiera se ve en las farmacias”, es el reclamo de la madre.

En 2012, la Comisión de Desarrollo Integral de la Asamblea Nacional anunció la distribución gratuita del medicamento a través de la Farmacia de Alto Costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss). No obstante, los ‘sanviteros’ de San Luis aseguran que no se registraron porque no recibieron la información.

Al respecto, la secretaria de Salud del Zulia, Omaira Prieto, sostiene: “Se cumple con la entrega mensual (…) incluso, en oportunidades, la Alcaldía colabora para trasladarlos en un bus. A lo mejor, no todos están cubiertos porque son nuevos diagnósticos y no han consignado los requisitos”. 

Con la noble labor de la desaparecida Fundación Huntington de Venezuela, la Casa Hogar Corea de Huntington, Amor y Fe –situada en la zona– se encargaba del suministro del tratamiento, los cuidados médicos, la alimentación y la atención permanente a los enfermos. Infortunadamente, hace cinco años cerraron sus puertas “con el argumento de que iban a construir un ascensor”.

Fuentes cercanas denuncian que “solo tres empleados entran al lugar que dejó de funcionar por carecer de insumos y comida. A la última directora, la doctora Margot de Young, no se le ha visto más”.

Algunos pacientes conservan el deseo de reingresar al centro que ofreció sus servicios desde 1999 y albergó a alrededor de 50 hospitalizados. A la par, logró entre 34 y 40 consultas al mes.

El proyecto de reactivación está en la planificación del despacho de Salud. “Tenemos la visita de unos neurólogos que vienen de Cuba. Tratamos de elaborar un programa para la atención fisioterapéutica. Creo que para el próximo año lo estaremos abriendo como sala de rehabilitación”, revela Omaira Prieto.

El cierre técnico del ambulatorio San Luis, asentado en el barrio, es otro factor que les juega en contra desde hace dos años. De una plantilla de 20 trabajadores, solo quedan ocho. “Se fueron todos los doctores. No hay servicio de acondicionador de aire y las aguas servidas que bordean la institución son insoportables”.

Lo que más preocupa a los vecinos es la carencia total de materiales y medicinas. Reportan que ni siquiera el tensiómetro sirve.

“Las personas con el mal solían venir y se les trataba la depresión o alguna herida que tuvieran producto de un golpe, caída o escara. Había un neurólogo, pero se fue hace años por las pésimas condiciones de trabajo”, indica un empleado que se mantiene en el anonimato. 

Una promesa que quedó solo en palabras fue la construcción de un hospital destinado a quienes sufren de San Vito. En 2006, la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, informó que el centro se edificaría en un terreno donado en el barrio La Polar (San Francisco), a partir de enero de 2007. Con la inversión de cinco millones de bolívares –por parte del Gobierno nacional y de empresas privadas– el proyecto asistiría a 110 pacientes y ‘desahogaría’ el hacinamiento que se presentaba en la casa hogar en el momento.

Un grupo de científicos de Reino Unido, Estados Unidos, España y otros países visitó por más de 20 años, cada marzo, la región zuliana para evaluar a los afectados y procurar detener el mal con los resultados de su investigación. 

Entretanto, la lista de necesidades sigue creciendo y el trastorno incurable avanza a pasos largos. Tetrabenazina, psicotrópicos, vitaminas, alimentos, colchones, pañales y sillas de rueda resuenan entre las súplicas de los familiares que observan, con dolor punzante, el deterioro de sus seres queridos.

“Esta gente existe. Come muchísimo por toda la energía que gasta y no tenemos los recursos para responderle. Da dolor verla sufrir sin poder hacer algo más. Solo contamos con la solidaridad de la Fundación Amigo Huntington”, es el clamor que grita San Luis.

Fuente: https://www.panorama.com.ve/