Lo peor de la semana: siguen fallando los políticos

PSUV Vs MUD

La gran convulsión que vive Venezuela, tiene múltiples causas. La carencia de una autentica educación, no confundida con instrucción, pudiera empezar a orientarnos. Yo hoy como cierre de la semana, quisiera ser más esquemático. Esta semana, lo peor siguen siendo los políticos.

SI toda una sociedad organizada y no, ha desatado su furia y sus pasiones, es señal inequívoca que las organizaciones políticas, han fracasado.

No me gusta hablar mucho de este tema, porque además se me puede confundir con lo que algunos llaman “antipolíticos”. Realmente no es así, dado que en Venezuela no hay política. Lo que se debate es la anarquía por el control del poder. Muchos problemas actuales tendrían otro perfil, si se dijera la verdad. La verdadera, que en la periferia muestra los intereses de lucha, de cada líder y organización.

En Venezuela hay una RESISTENCIA. Pero no la que ha tomado las calles, llena de violencia, de odio, sin rumbo fijo y que termino de “autodestruir” más a la oposición.

EL PORQUE DE ESTA RESISTENCIA

Una sociedad civil inconforme, que no se acerca a las organizaciones políticas ni a sus líderes. Eso demuestra que: Uno, los partidos no han sabido relacionarse con la sociedad, haciendo suyos sus reclamos, o que simplemente se han alejado de ella al seguir sólo los intereses de sus burocracias o los de los órganos del Estado, y dos, que las instituciones gubernamentales han sido poco sensibles (e ineficientes) para atender a la sociedad como lo demanda el Estado de Derecho (inexistente en este país) y su supuesto papel de servicio a la población.

Si fallan las sociedades intermedias (partidos, instituciones gubernamentales) es lógico que la sociedad busque nuevas formas de participación (incluso ilegales como lo es la desobediencia civil que es en sí misma ética y legítima, además de protegida por diversas declaraciones de derechos humanos y ciudadanos suscritas en cualquier país que se precie de democrático).

Los movimientos alternativos y al margen del régimen institucional son una consecuencia natural de la orfandad (legal, política y económica) en que vive la mayoría de la población, desatendida en sus necesidades primarias pese a que están a la vista su pobreza creciente y la obscena riqueza de unos cuantos, como es el caso de Venezuela entre otros muchos países.

¿No es responsabilidad de los gobiernos dar seguridad y propiciar, mediante políticas económicas y fiscales, una vida digna a los ciudadanos? ¿No es responsabilidad de los gobiernos velar por el cumplimiento de las leyes para todos, igual sean ricos e influyentes que pobres y sin oportunidades?

Claro que son sus responsabilidades y así están contempladas en nuestra legislación (simple saludo a la bandera); pero no se hace, por lo que puede decirse que no sólo está fallando el sistema de representación política o de protagonismo como reza la CN, sino que, por lo mismo, la protesta social tiene carta de legitimidad y debe ser escuchada y atendida. La democracia supone que los ciudadanos tenemos derecho a participar en la toma de decisiones públicas y si se cierran los canales institucionales para ejercerlo lógico es que se haga al margen de dichos canales.

La ausencia de partidos que auspicien mecanismos de participación de la sociedad, agrava el problema y, por lo mismo, pierden credibilidad. De aquí su crisis. Recientemente un Gobernador Electo, perteneciente a la MUD, no se juramentó ante la irrita ANC y perdió según este órgano, la posibilidad de ejercer legítimamente. Lo declararon contumaz, lo cual es evidencia de una violación flagrante del derecho. Lo grave es que él consulto a su pueblo y no obstante, solo decidió después de consultar CARACAS.  ¿Respeto a quienes lo eligieron?

Si amplios sectores de la población le han perdido la confianza a los partidos políticos no es porque estos sean obsoletos o porque supuestos candidatos sin partido sean mejores, sino porque no han sabido ni querido tomar en cuenta lo que la gente quiere y necesita, ni identificarse con sus posibles electores. Como bien saben sus dirigentes que, dado nuestro sistema electoral, no necesitan mayorías absolutas para ganar, sino solamente mayorías relativas de la votación total (sea ésta grande o pequeña), no se han preocupado por convencer y seducir a esas mayorías crecientemente desengañadas de la política, de la política como se hace y no como debía de hacerse. Más bien aprovechan la ignorancia de muchos y, peor aún, su pobreza, para obtener su voto de mil maneras normalmente llamadas clientelares. Lo grave es que se lo creen y no quieren percatarse de que su voto es producto de la necesidad y no de la razón y del convencimiento, de la coacción y no de la libertad de los ciudadanos. No extraña entonces que la protesta social vaya en ascenso o que el crimen organizado obtenga provecho para aumentar sus filas con quienes no tienen ni ven alternativa en los marcos institucionales, penetrando en forma preocupante los organismos de seguridad y de justicia del Estado.

Partidos y gobiernos, cada uno en su escala de competencia, deberían de ser conscientes de que la insatisfacción social es persistente (aunque todavía desarticulada) y que fácilmente pueden ser rebasados por su inactividad, omisión e inexistencia de alternativas a los reclamos populares.

Señores del Gobierno, no se crean sus propias mentiras: Cuando un régimen ha dejado de ser funcional a la sociedad es lógico que ésta busque otras fórmulas de participación y de exigencia. Estas fórmulas son, aunque no gusten al poder, complemento de la democracia participativa, que es a la que aspiran los ciudadanos conscientes de sus libertades y derechos.

No hay democracia si se inhibe o se reprime la disidencia, siempre y cuando ésta no vaya más allá de la imposición simbólica del mejor argumento, pues en una democracia se buscan consensos en la diferencia y no el aplastamiento de los disensos.

Recuérdese que dos principios constitutivos de la democracia son proteger los derechos de las minorías sin violentar por ello el derecho de la mayoría o lo que ésta acepta como tal. Lo contrario es también definitorio: ser mayoría no da derecho a aplastar a las minorías. El dilema es que ni ustedes ni la oposición son mayoría. Ambas solo representan la expresión coyuntural, de una circunstancia a veces favorable para unos.

No puede nuestro pueblo seguir votando para castigar, sin reflexionar el autocastigo al que se somete, cuando lo hace por quienes son iguales, solo que en bandos contrarios.

Dios proteja a Venezuela

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