Presidente Chávez plantea conversar con los MALANDROS (Pandilleros) y Eliminar venta de licor en los Barrios

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Juicio a la Noticia 3

EL PRESIDENTE CHAVEZ PLANTEA CONVERSAR CON LOS “MALANDROS”
¿Es esto nuevo? ¿Positivo o negativo?
Hagamos el Juicio.

La prensa de hoy señala:
Tomado de Últimas Noticias
Chávez dice “Malandros vengan a mí” y propone prohibir la venta de alcohol en los barrios
El Presidente exhortó a los delincuentes a acompañarlo para que se conviertan en “bienandros” les pidió cambiar el revólver por una arepa. También propuso prohibir la venta de alcohol en los barrios

A2Venezuela Bolivia

El presidente de la República, Hugo Chávez, durante un acto proselitista del Psuv a propósito de la conformación del Polo Patriótico, hizo un llamado a los delincuentes. “Le hablo a los malandros vengan con Chávez, para que se conviertan en bienandros” expresó. También criticó el consumo de bebidas alcohólicas en las zonas populares. “Aquí no se vende cerveza, ni whisky, ni ron. Si quieren beber se van de aquí a uno de esos locales, pero en el barrio no” señaló. Aseguró que el alcohol promueve la delincuencia. “Yo daría una lucha hasta contra el alcohol. Porque ahí se empieza. El alcoholismo mata. Deberían empezar por las leyes del barrio” indicó Chávez.
Insistió en hacer un exhorto a los malandros. “Les cambio ese revólver por una computadora, por una beca para estudiar” invitó.
Hizo todo tipo de ofrecimientos a los delincuentes. “Les hablo a esos grupos de malandros y muchachos. Vengan conmigo para que tengan vida, que tengan patria. Les cambio el revólver por una arepa” expresó.
Fuente: Marjuli Matheus

MI JUICIO:

Nuevamente el Presidente CHAVEZ rompe con los esquemas tradicionales y como excelente comunicador lleva la pelea de la inseguridad a su terreno: el político.Sigue además marcando la pauta y haciendo la agenda de la oposición porque inmediatamente HENRY RAMOS, Secretario General de AD (Oposición) riposto por twitter y a los medios: “La TRILOGÍA revolucionaria: Malandros, Bienlandros y Redlandros…La revolución!”

El Presidente CHAVEZ está directamente fijando una política anticriminal y está planteando lo que muchos países en el pasado y en el presente han hecho: Perdón a cambio de REDENCION. Además desde el punto de vista electoral está abriendo las puertas a un sector que socialmente ha sido resentido. Evidentemente que corre muchos riesgos el Presidente pues además dentro de esa política ratifica un ataque a la venta de “alcohol” en nuestros barrios y sectores populares. Electoralmente lo puede afectar dado el alto consumo de alcohol (cerveza fundamentalmente) y no faltara el que “jocosamente” advierta “Con mi caña no te metas”. Sin embargo yo celebro la iniciativa porque como decimos los estudiosos de la filosofía “Solo se equivoca el que hace…” y creo que en materia de seguridad tenemos que ser más creativos porque los actuales métodos no han dado resultado. Y los líderes de la oposición arremeterán contra esté tesis acusándola de “poco densa” y hasta “inmoral”. Lógico el número de muertos en Venezuela desde 1998 hasta el presente conspira contra la eficiencia de la llamada “Revolución”.

Lo que sí está claro es que el Presidente CHAVEZ a pesar de ser el responsable fundamental de este flagelo, le roba la iniciativa a la oposición quien solo se ha dedicado a plantear “planes” poco atractivos y que son más de lo mismo que hemos visto a lo largo de la historia policial de Venezuela y de latinoamericana. CHAVEZ prácticamente SE COBRA Y SE DA EL VUELTO y esto como política comunicacional es excelente.

El problema delictivo de Venezuela es el mismo problema que se vive en muchas partes del planeta. A nuestros cuerpos policiales les ha faltado una nueva REINGENIERIA SOCIAL que entienda este problema desde sus fundamentos. Hasta ahora solo se ha combatido los efectos y se han hecho miles de diagnósticos, sin ningún resultado serio. La oposición no puede seguir atacando el problema presentando cifras antes de 1998 y comparando la subida en los diferentes delitos. Es evidente que la Venezuela de Chávez es sustancialmente distinta. El gasto social ha sido inmenso. Sumado a la “corrupción”. La adquisición de bienes y servicios ha aumentado enormemente y el Gobierno no ha tenido políticas de armonización con este fenómeno. Hoy los Gobernadores y Alcaldes, no obstante los recortes han redistribuido parte de los ingresos nacionales. Hay más corrupción es cierto y los niveles de “impunidad” son altísimos pero también hay más “dinero” en la calle. Las contradicciones sociales son menos pero las que existen son muy marcadas y el problema no solo se traduce en adquisición de “insumos” sino que el efecto ha sido el resultado de la cesta petrolera y no de una política de desarrollo sostenible. Como resultado de esta deformación hoy podemos decir que “el robo, el secuestro en sus distintas modalidades y el narcotráfico y lavado y legitimación de capitales” es el mejor negocio. Por ejemplo el “robo de celulares” es un flagelo que al mismo tiempo que nos demuestra una gran circulación monetaria, nos muestra la fragilidad del sistema. Es común escuchar “Me robaron el celular” y paralelamente escuchar “Ya me compre otro”.

Siempre le digo a mis alumnos de Filosofía del Derecho: Todo niño teóricamente nace “bueno”, “inocente”. ¿Qué pasa en el tránsito de su vida que se hace malo, criminal o delincuente? De hecho cuando uno de estos personajes muere sus padres lo lloran y llegan a nivel de excusarlo o exonerarlo de responsabilidad. Pregunta que pareciera estúpida y hasta infantil. Su respuesta es un misterio que hasta ahora pocos gobiernos han logrado descifrar y combatir.
Ahora bien es novedoso esto que plantea el Presidente. Veamos.

LOS MALANDROS (VENEZUELA) PANDILLAS EN ESTADOS UNIDOS, MARAS EN CENTRO AMERICA

En la última década , las pandillas juveniles han tomado especial relevancia en Centro américa , convirtiéndose tanto en un problema de inseguridad pública como en un objeto de preocupación para los gobiernos y de temor entre la población, sobre todo en los países del triángulo norte de la región –El Salvador, Hondura s y Guatemala– pero con un desarrollo algo similar también en Nicaragua y Costa Rica . Mientras que la existencia de pandillas juveniles dedicadas a la delincuencia no es nada nuevo en Centroamerica, la sistematización del uso de la violencia y la brutalidad demostrada por las pandillas actuales es algo sin precedentes reflejado en el nuevo concepto de las “maras”. En fin, a pesar de que no sería correcto señalar a las “maras” como los principales responsables del alto nivel de violencia que desde hace algún tiempo vive Centroamérica , sin duda alguna representan un problema fuerte y real que merece mayor atención, en aras de brindar seguridad a l a ciudadanía y mejorar las perspectivas futuras para la población joven de la Región. Tanto la historia como la ciencia social nos enseña que la delincuencia juvenil es principalmente un fenómeno grupal que refleja situaciones sociales y económicas complejas, mereciendo, por lo tanto conocimientos actualizados, concretos y profundos para lograr el diseño y la aplicación de políticas y programas de acción exitosas.

POLICÍA, COMUNIDAD Y PANDILLAS

Como se destaca en los informes USAID (2006) los gobiernos centroamericanos, han preferido apostar por políticas de represión policial y endurecimiento de la legislación penal antes que por otro tipo de políticas preventivas. La política de “MANO DURA” lejos de resolver ha aumentado la presencia de la inseguridad.
Los testimonios apuntan en varias vías de escape para acabar con los “malandros” o “Pandillas”. Juega un papel importante la familia y otras instituciones no gubernamentales, incluyendo las iglesias. Todo indica que para dejar de ser “malandro” e incorporarse socialmente requiere de una agresiva reingeniería de procesos sociales para lograr tal integració
n. Hay que romper ese mito o tabú que nos impide “conversar” “negociar” con estos sectores de la población. Por eso lo planteado por CHAVEZ no es novedoso pero si sería de una gran utilidad en Venezuela. Personalmente lo he planteado muchas veces. Que no es fácil. Es cierto. Si fuese fácil cualquiera lo haría. Si cualquiera lo puede hacer, no tendría sentido el concepto de autoridad.

UN EJEMPLO INTERESANTE

En septiembre de 2009, como respuesta a la propuesta por parte de los dirigentes de los residentes en la vivienda pública, la Autoridad de la Vivienda de la Ciudad de New York (NYCHA) se reunió con el Consejo de Presidentes de la Ciudad (CCOP, por sus siglas en inglés) para hablar personalmente acerca de los asuntos de mayor importancia. Los asuntos que más urgían se resumen en la relación entre los agentes de policía y los residentes, y la seguridad en la comunidad. A raíz de esto, el CCOP junto con NYCHA se reunió con líderes del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD, por sus siglas en inglés) con el fin de hablar sobre cómo hacer frente a sus preocupaciones. El mensaje era claro: era necesario hacer algo al respecto.
La Unidad Especial de Seguridad y Protección se creó para promover un ambiente de interacción positiva y respeto mutuo entre los residentes y las personas dedicadas a servirles. A partir de la colaboración entre el CCOP, la NYCHA y el NYPD nace una oportunidad única para que estos tres grupos puedan trabajar juntos para encontrar soluciones que mejoren la seguridad en los residenciales de NYCHA y fortalecer las relaciones entre los residentes, la administración de la NYCHA y los agentes policiales. Además, la Unidad de Seguridad se creó con el fin de reforzar los métodos vigentes del proceso gubernamental entre los residentes, y no para substituirlos. NYCHA y NYPD continuará colaborando junto con los dirigentes electos del CCOP, la Junta de recomendación de residentes, la Junta municipal de presidentes y las Asociaciones de residentes. La Unidad de Seguridad concuerda con los esfuerzos actuales de NYCHA para crear un Plan nuevo para Proteger la Vivienda Pública. La finalización del Plan para Proteger la Vivienda Pública está programada para el verano de 2011 e incluye el aumento de la seguridad como resolución en nuestras comunidades para dirigir el curso de acción de la Autoridad durante los siguientes cinco años. La producción de este informe acerca de las actividades de la Unidad de Seguridad es una parte esencial de este proceso. Queremos ser transparentes y exhaustivos con respecto a las decisiones que tomamos, cómo llegamos a estas y cómo se verán afectados los residentes por las mismas. La agenda la Unidad de Seguridad se centra en un objetivo específico: hacer que las viviendas públicas sean más seguras para los residentes y crear una mejor experiencia de vida. El Comando de Seguridad agradece al Comisionado Jefe de la Policía, Raymond W. Kelly por garantizar la absoluta colaboración del NYPD en este esfuerzo valioso.

WILLIAM BRATTON ¿UNA LEYENDA O UNA REALIDAD?

Se dice que desde hace 19 años el ex comisario de policía, William Bratton, anda con el prestigio a cuestas por haber reducido la delincuencia en Nueva York y Los Ángeles, tras los apocalípticos disturbios que estallaron en esa última ciudad el 29 de abril de 1992, casi idénticos en su detonante al estallido de Londres. En aquella ocasión, la ira de millares de angelinos (negros, latinos) se vio retroalimentada, no mediante las redes sociales que aún no existían, sino a través de las mismas cadenas de tv que con el recurso de helicópteros y unidades móviles garantizaron una amplia cobertura de los seis días de destrozos, saqueos e incendios que dejaron 60 muertos, 2 mil heridos, 3,600 edificios incendiados, 1,100 de ellos destruidos y mil millones de dólares en daños. Más allá del trasfondo social, racial y económico de ambos estallidos, es de destacar que pese a que la así llamada doctrina de la Tolerancia Cero (Zero Tolerance) ya existía bajo la doble administración neoconservadora de Ronald Reagan (1981-89), el supuesto “gurú” de ese método, William Bratton, hoy convertido en exitoso consultor internacional y cuyos servicios ya han sido solicitados por Cameron, nunca recurrió al mismo. Así lo dice al menos el propio Bratton cuando se disponía a viajar a Chile como consultor: “Nueva York nunca aplicó la tolerancia cero, lo que aplicó fue una policía comunitaria” (El Mercurio, 11-04-1999). Aún más: “Decir que la estrategia policial de tolerancia cero cambió fundamentalmente a Nueva York, como si deshaciéndose de los que lavan parabrisas y los mendigos pudiera en sí reducir los índices de robos armados y robos de moradas, es una simplificación exagerada y crasa”. Para más información recomendamos el excelente ensayo sobre Bratton del experto Juan Albornoz, “Tolerancia cero: un mito peligroso” (Revista Criterio, 1999, http://www.revistacriterio.com.ar).

Loïc Wacquant (2000). Las cárceles de la miseria.

Este autor hace un análisis minucioso de lo dicho por Bratton y explica: América latina es hoy la tierra de evangelización de los apóstoles del “más Estado” policial y penal, como en las décadas del setenta y del ochenta, bajo las dictaduras de derecha, había sido el terreno predilecto de los partidarios y constructores del “menos Estado” social dirigidos por los economistas monetaristas de América del norte. Así, los Chicago Boys de Milton Friedman son sucedidos por los New York Boys de Rudolph Giuliani y el Manhattan Institute. Pero, curiosamente, en ambos casos los Estados Unidos predican a sus vecinos dependientes del sur un catecismo que apenas ponen en práctica en su propio país, o sólo lo hacen por excepción. Hace veinte años, exhortaban a los países de América del sur a reducir drásticamente sus gastos estatales y sus déficits fiscales, en tanto que ellos mismos inauguraban la era del “keynesianismo militar” y el wealthfare que, durante las presidencias sucesivas de Ronald Reagan y George Bush, iba a profundizar un déficit presupuestario sin precedentes a fuerza de asombrosos créditos militares y bajas impositivas enérgicas para las familias y empresas más ricas (la deuda pública federal llegó a cinco billones de dólares y el 70 por ciento del producto bruto interno en 1995, contra un 33 por ciento en 1980, y el déficit de la balanza de pagos norteamericana superó todos los récords). Hoy ocurre lo mismo en materia policial: durante sus misiones de marketing en el extranjero,William Bratton omite cuidadosamente señalar a sus interlocutores argentinos, brasileños, alemanes o sudafricanos, que la política de “limpieza de clase” (class-cleansing) del espacio público que él propicia como panacea universal a la inseguridad urbana, dista de tener amplia vigencia en los Estados Unidos, donde las ciudades comúnmente tenidas como modelos a emular se llaman… San Diego o Boston, pero de ningún modo Nueva York. En realidad, criminólogos, juristas y jefes de policía coinciden en la idea de que el feudo de Rudolph Giuliani pagó un pesado tributo financiero y cívico por la baja de la criminalidad:

Elevación masiva del presupuesto y el número de efectivos de las fuerzas del orden, escalada de las denuncias por abuso y violencias policiales, crecimiento continuo de la cantidad de personas detenidas y encarceladas, desconfianza y temor crecientes de la población de los barrios pobres y notable deterioro de las relaciones entre la comunidad afroamericana (e hispanoparlante) y la policía, a punto tal que el reverendo Calvin Butts, que dirige la principal iglesia bautista de Harlem, corazón del Nueva York negro, osó tratar públicamente al Alcalde Giuliani de “racista que está creando un Estado fascista”. Nada parecido sucede en San Diego, que, en oposición a la “tolerancia cero” y los métodos agresivos de su demasiado famosa Unidad de Lucha contra los Delitos Callejeros, desarrolló la policía denominada “de cercanías”, que pone el acento en la “resolución de los problemas” mediante la cooperación activa y regular con los residentes. Como resultado, la criminalidad descendió más significativamente en San Diego que en Nueva York (pese a que la ciudad californiana partió de un índice más bajo, y en consecuencia más difícil de doblegar), pero lo más importante es que la baja del delito estuvo acompañada por un reflujo de la cantidad de detenciones, una disminución de las denuncias y una nítida recuperación de la popularidad policial”. Todo lo contrario de Nueva York, y con una cantidad de policías por habitante tres veces más pequeña.

La otra ciudad que tiene émulos en los Estados Unidos es Boston, donde la criminalidad cayó tan claramente como en Nueva York después de que las autoridades desplegaron una estrategia original de prevención de los delitos violentos, que se centra en las armas de fuego (y no en las pandillas o el narcotráfico) y cuenta con la firme colaboración de las iglesias como vínculo entre la comunidad negra y la policía, a fin de advertir por su intermedio a los criminales notorios que en lo sucesivo están en la mira de la justicia federal.’ A William Bratton le gusta decir que “la vigilancia policial es igual en todas las grandes ciudades”. Sin embargo, hasta el día de hoy ninguna de las principales ciudades estadounidenses hizo suya la política neoyorquina, mientras que el enfoque bostoniano del “community policing” -que Rudolph Giuliani denigra abiertamente al compararlo con una variante del “trabajo social”- fue adoptado con éxito, entre otras, por Portland, Indianapolis, Memphis y New Haven. Estas ciudades comprendieron claramente que, en última instancia, la intransigencia policial neoyorquina no puede sostenerse, porque socava las relaciones entre la policía y los residentes de los barrios desheredados y segregados,* blanco prioritario del accionar agresivo de las fuerzas del orden que se comportan con ellos a la manera de un ejército de ocupación.

“Es posible reducir rápido la delincuencia “,’ pregona Bratton en entrevista publicada por Clarín. Trivialidad o evidencia, según se prefiera. Toda la cuestión consiste, desde luego, en saber qué delincuencia, con qué medios y a qué precio. El ex jefe de la policía* neoyorquina asegura que los abusos policiales, simbolizados por las torturas sexuales infligidas a Abner Louima en 1998 en una comisaría de Brooklyn y el asesinato, un año después, de Amadou Diallo, acribillado sin motivo alguno por cuarenta y un balazos disparados por los integrantes de la brigada de elite del Bronx, que juraron haber actuado en legítima defensa (y a quienes la corte del condado de Albany liberó de culpa y cargo al cabo de un proceso que dice mucho sobre el derecho de vida y muerte que la policía neoyorquina ejerce de facto en los barrios pobres), son aberraciones: “Fueron excepciones y no la norma. Hay que controlar a la policía. Y asegurarse de que todo esto se hace según la Constitución y la ley”. Pero también en este caso la información es desmentida por las propias autoridades. En marzo de 1999, la Oficina de Derechos Cívicos del Ministerio de Justicia del estado de Nueva York publicó un informe oficial que revelaba que la política policial de “calidad de vida” elogiada por Bratton sólo pudo ponerse en práctica escarneciendo los derechos civiles elementales de los neoyorquinos negros y pobres, en primer lugar el de circular libremente sin ser detenidos, cacheados y humillados en público de manera arbitraria.*

Un minucioso estudio estadístico del uso de la técnica del “stop and frisk”, medida emblemática de la “tolerancia cero”, consistente en controlar, detener y en caso de necesidad someter a un cacheo en la calle a cualquier persona que pueda ser “razonablemente sospechosa” de un crimen o un delito, muestra que los negros representan la mitad de las 175 mil personas “demoradas y cacheadas” en 1998 y el 63 por ciento de los individuos controlados por la Unidad de Lucha contra los Delitos Callejeros (Street Crime Unit), cuando en realidad son sólo la cuarta parte de la población de la ciudad. Esta diferencia es más pronunciada en las zonas exclusivamente blancas, donde el 30 por ciento de los controles afectan a los negros. Por otra parte, los barrios afroamericanos y latinos son sin duda el terreno predilecto para la utilización de esta práctica, porque uno solo de los diez distritos de la ciudad donde la actividad de “stop and frisk” alcanza mayor intensidad es de mayoría blanca. Por último, desde un punto de vista legal, cuatro de cada diez arrestos demuestran carecer de una clara justificación.

Peor aún: la Unidad de Lucha contra los Delitos Callejeros, cuya divisa es “las calles nos pertenecen”, detuvo en promedio a 16,3 negros por cada individuo acusado de un crimen o un delito, en comparación con 9,6 en el caso de los blancos. Estas disparidades sólo se explican parcialmente por los diferenciales de los índices de criminalidad entre negros y blancos o entre barrios: en gran medida se deben a la aplicación discriminatoria de ese método policial. Ahora bien, semejante desviación, señala el informe firmado por el Ministro de Justicia del estado de Nueva York, “debilita la credibilidad de las fuerzas del orden y, en última instancia, socava la propia misión de law enforcement [aplicación de la ley]”.^ Lo testimonia el hecho de que la mayoría de las madres consultadas para esta investigación por el director de un colegio secundario de Harlem están “desesperadas” por la manera en que la policía trata a sus hijos” y viven con un “temor constante por [su] seguridad […]. Muchos de estos padres educaron a sus hijos con valores sólidos, pero tienen miedo de los policías”.

FINALMENTE

220px-William_Bratton_LAPride Bratton acusa directamente a HUGO CHAVEZ por el aborto de su plan durante el Gobierno del Alcalde Mayor PEÑA. En el City Journal desarrolla este artículo WILLIAM ANDREWS, WILLIAM J. BRATTON Crime and Politics in Caracas
Thank Hugo Chávez for the Venezuelan capital’s soaring murder rate

Hay mitos neoconservadores que sostienen que el delito es el producto de carencias individuales, morales o de comportamiento, véanse los trabajos reunidos por John Hagan y Ruth D. Peterson (comps.). Crime and Inequality, Stanford, Stanford University Press, 1995. 2. En la página tres del boletín de informaciones del Center for Civic Innovation del Manhattan Institute, principal think tank embarcado en la campaña internacional de promoción de la penalidad neoliberal, encontramos una foto de “Carlos Medina, miembro del Manhattan Institute”, junto a William Bratton, con quien conversa sobre “sus esfuerzos comunes por llevar a las ciudades de América latina las técnicas policiales basadas en el principio de la ‘ventana rota”‘ (Cities on a Hill – Newsletter, boletín de informaciones del Center for Civic Innovation, Manhattan Institute, invierno de 2000, pág.

En Juan Gabriel Valdés, Pinochet’s Economists: The Chicago School in Chile, Cambridge, Cambridge University Press, 1995, se encontrará un historial de la exportación e imposición de las doctrinas de la escuela monetarista en materia económica.

Un reciente artículo de primera plana del NeMí York Times lo destaca: “No es saludable ver que, a pesar de la baja del índice de criminalidad, la gente sigue teniendo miedo de la policía”, señala el director del National Institute of Justice. Un ex sargento de la policía de Nueva York que dirige hoy el servicio de seguridad de la Universidad de San Diego aumenta la postura: “Nueva York pagó un precio extraordinario. El NYPD no hace otra cosa que responder a los problemas aumentando el número de efectivos y poniendo un agente en cada esquina, pero, ¿quién puede vivir en una sociedad semejante?” (“Cities Reduce Crime and Conflict Without New-York Style Hardball”, en The New York Times, 4 de marzo de 2000). Según un estudio en curso de Alfred Blumstein, profesor de criminología de la Carnegie Mellon University de Pittsburgh, el índice de homicidios de Boston se redujo abruptamente de 14,7 por cien mil en 1991 a 3,5 por cien mil en 1998, o sea un 76 la por ciento, contra un 70 por ciento en Nueva York (de 29,3 a 8,6 por cien mil), donde esa tasa sigue siendo casi tres veces más alta al final del período considerado. La disminución del índice de robos calificados también es levemente más fuerte en Boston (63 contra 60 por ciento). Jenny Berrien y Christopher Winship, “Should We Have Faith in the Churches? The Ten-Point Coalition’s Effect on Boston’s Youth Violence”, en Gary Katzman (comp.). Managing Youth Violence, Washington, Brookings Institution, en prensa, y David Kennedy, “Pulling Levers: Chronic Offenders, High-Crime Settings, and a Theory of Prevention”, en Valparaiso University Law Review, 31-32, primavera de 1997, págs. 44-69. Hasta San Francisco exhibe una baja de la criminalidad más fuerte que Nueva York, pese a que puso en práctica una política policial que está en las antípodas de la de Giuliani y Bratton (Dan Macallair y Khaled Taqi-Eddin, Shattering “Broken Windows “: An Analysis of San Francisco’s Alternative Crime Policies, San Francisco, The Justice Policy Institute, 1999). 6. Randall Kennedy, Race, Crime and the Law, Nueva York, Pantheon, 1997.
Creo que hay que seguir buscando soluciones y aplicándolas, antes que seguir siendo críticos contemplativos.
Sígueme en twitter @angelmonagas

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